Abogados alertan que los chats con IA pueden ser usados como pruebas judiciales
La idea de que una conversación con un chatbot desaparece sin dejar rastro acaba de recibir un golpe de realidad. Esto debido a que un juez en los Estados Unidos ha permitido que los registros de una conversación entre un financiero en bancarrota y la herramienta Claude, el chatbot de Anthropic, sean usados como prueba en su contra durante un proceso judicial.
El caso ha encendido las alarmas entre los abogados estadounidenses, que ahora insisten en una advertencia incómoda pero necesaria; cualquier cosa que se le diga a una inteligencia artificial podría volver a aparecer más adelante, incluso en una sala de tribunales.
El caso corresponde al caso “Estados Unidos contra Bradley Heppner”, antiguo presidente de la compañía CWG Holdings, una organización de servicios financieros que ha terminado en bancarrota. Según los documentos judiciales, el directivo utilizó Claude para preparar materiales relacionados con su defensa.
El problema ha llegado cuando esas interacciones han sido incorporadas al proceso como evidencia y sus abogados han intentado impedirlo, argumentando que los registros incluían parte de sus intercambios con el equipo legal y por lo tanto, debían considerarse protegidos.
Sin embargo, el juez no ha aceptado esa tesis y permitió que los chats fuesen admitidos. La decisión se ha apoyado en una idea contundente y es que el privilegio abogado-cliente no se extiende de forma automática a una conversación mantenida con una herramienta de IA.
En otras palabras, hablar con un chatbot no equivale a hablar con un abogado, aunque la persona se encuentre preparando una estrategia legal, redactando documentos o intentando ordenar sus argumentos para un litigio. Para los tribunales, una plataforma como Claude no puede ocupar el lugar de un asesor jurídico o quedar amparada por las mismas garantías de confidencialidad.
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Sin embargo, todo está lejos de cerrarse, debido a que, en otro caso distinto, algunos magistrados han llegado a una conclusión diferente. Una ciudadana que demandaba a su exempleador y se presentaba a sí misma no ha sido obligada a entregar sus conversaciones con la herramienta ChatGPT.
Las autoridades judiciales han entendido que esos intercambios formaban parte de su trabajo personal de preparación del caso, no de una conversación con una persona que pudiese ser llamada a declarar por la defensa. Esa diferencia de criterio muestra el terreno movedizo en el que se encuentran hoy los tribunales frente al uso de la IA.
No obstante, los abogados sostienen que las conversaciones con chatbots deberían recibir algún tipo de protección cuando forman parte de una investigación legal dirigida por juristas. Incluso, han sugerido que los usuarios comiencen sus consultas con frases como: “Estoy realizando esta investigación por indicación de mi abogado para el litigio X”.
El objetivo es dejar constancia de que el uso de la herramienta está vinculado a una estrategia jurídica protegida. No obstante, esa formula no va a garantizar nada. Como evidencian el par de fallos mencionados con anterioridad, depende mucho del juez, del contexto del caso y de cómo puede interpretarse la función real del chatbot dentro de la preparaciones legal.