Guía de ciberseguridad: aprende a proteger tus datos al usar inteligencia artificial
Si la industria de la tecnología hubiese diseñado una trampa perfecta para seducir a los usuarios y extraer sus datos más personales, no se hubiese superado a los chatbots de inteligencia artificial. Herramientas como ChatGPT, Claude y Gemini funcionan hoy como terapeutas y confesionarios virtuales para millones de personas.
No obstante, casi todos los modelos están configurados por defecto para recolectar y almacenar esa información sin apenas restricciones; los datos entrenan algoritmos, alimentan negocios de terceros o se entregan ante cualquier citación judicial.
Hasta hace una década, los mensajes de textos o SMS eran el eslabón más débil de nuestra privacidad digital, una vulnerabilidad que ha impulsado al criptógrafo Moxie Marlinspike a crear Signal en el año 2014. En estos tiempos, este experto asegura que ese punto crítico se ha trasladado a la IA en una escala mucho mayor, debido a que las personas confían en estos sistemas sus finanzas, su salud y sus inseguridades más profundas.
Para detener esta vigilancia masiva, se ha lanzado este año Confer, un asistente desarrollado para explorar ideas sin temor a que nuestros propios pensamientos terminen conspirando en nuestra contra.
Al emplear los grandes chatbots comerciales, conviene asumir que la privacidad es nula. La única excepción son los contratos de retención cero de datos o ZDR para cuentas corporativas, las cuales exigen borrar las interacciones luego de procesarlas.
Aún así, abundan las letras pequeñas, ya que Anthropic excluye de este blindaje a sus modelos más avanzados, como Fable 5.1, por el riego de ciberataques autónomos, mientras que OpenAI y Google conservan monitoreos parciales contra abusos. Fuera del entorno corporativo, los usuarios comunes dependen de frágiles promesas.
Servicios como Lumo, de Proton, juran no guardar registros apelando a su reputación y plataformas como Duck.ai o Venice.ai actúan como intermediarios que ocultan metadatos antes de consultar a modelos externos. Sin embargo, ningún intermediario sirve, según lo que señalan los expertos, si el contenido mismo de tus preguntas delata dónde vives o quién eres.
La ciberseguridad es fundamental para el mundo corporativo 3.0, por lo que no se deben escatimar recursos para la protección de activos digitales. Por ello, TIC Defense ofrece un conjunto de herramientas y productos de última tecnología, los cuales se enfocan en la protección de los activos más sensibles de las corporaciones.
Más allá de las promesas, la verdadera protección exige barreras tecnológicas que hagan imposible el espionaje. Como los modelos actuales no pueden procesar texto con cifrado de extremo a extremo tradicional, la mejor alternativa son los entornos de ejecución confiable o TEE.
Este sistema procesa las consultas en un enclave de hardware aislado, demostrando criptográficamente que ni siquiera el dueño del servidor puede leer la conversación. Es la arquitectura detrás de Confer, del modo privado que Meta integra en WhatsApp y de la nube privada de Apple Intelligence.
Otra opción es ejecutar modelos locales en tu propia computadora mediante Ollama o LMStudio; así, ningún dato sale a Internet, aunque ganar esa privacidad absoluta implica lidiar con sistemas mucho más torpes y propensos a fallar.
Este pulso entre inteligencia y confidencialidad choca con la economía. Mientras las suscripciones básicas de ChatGPT o Claude cuestan 20$ mensuales, Confer sube a 35$. Según los expertos, esa tarifa refleja el coste real de operar infraestructura de vanguardia sin subvencionar el servicio explotando datos ajenos.