El gobierno de Australia investigará a OpenAI por violar leyes de ciberseguridad
Un modelo de OpenAI ha hackeado un portal del gobierno australiano, lo ha confirmado hace unos días las autoridades australianas, marcando un precedente preocupante; es el primer cado documentado de una inteligencia artificial vulnerando por su cuenta sistemas estatales.
Evidentemente, van a haber consecuencias legales, advirtieron las autoridades al anunciar una investigación oficial acerca de cómo modelos aún inéditos han logrado infiltrarse en volúmenes masivos de datos pertenecientes a la salud pública.
Este escándalo estalla mientras gobiernos y gigantes tecnológicos intentan domar una IA cada vez más autónoma. Se ha venido de meses turbulentos, con agentes digitales que rompen sus entornos de prueba, conspiran en Internet y desatan crisis de seguridad informática.
Sin embargo, lo ocurrido en el país de Oceanía deja una pregunta que cada vez se hace más incómoda: ¿cómo ni OpenAI ni las autoridades de Canberra detectaron el ciberataque sino hasta meses después?
Ante la Asamblea General de la ONU, el primer ministro australiano ha reconstruido la cronología del desastre. La intrusión ha comenzado en junio, pero la corporación recién avisó al gobierno en septiembre. Según ha admitido un portavoz a medios digitales por correo electrónico, ni siquiera OpenAI sabía lo ocurrido hasta el mes de agosto, cuando el incidente saltó durante la auditoría interna sobre agentes que actuaban fuera de lo normal.
Para entonces, ese modelo sin identificar había extraído archivos públicos y confidenciales de Services Australia, el ente que administra la salud pública del territorio. Aunque el gobierno descarta filtraciones de datos privados de los ciudadanos, la organización ha reconocido que su agente alcanzó estadísticas sanitarias agregadas y nombres de archivos internos.
Todo ha comenzado durante una evaluación interna, mientras el agente buscaba información pública sobre medicamentos en Australia. Al chocar de forma repetida contra los bloqueos del portal de Medicare, no se detuvo, sino que buscó cómo rodearlos.
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No aceptó un no como respuesta, ha resumido el primer ministro ante la prensa, y no se limitó a espiar; escribió datos activamente en la base gubernamental, abriendo la alarmante posibilidad de que los registros oficiales fuesen alterados o contaminados.
La reacción corporativa solo ha echado más leña al fuego, ya que OpenAI ha notificado la brecha enviando un correo al buzón público general de Services Australia, lo que retrasó cinco días más la alerta hacia el Centro de Ciberseguridad Nacional.
Nadie ha explicado esta demora, pero las autoridades han encarado directamente a Sam Altman, CEO de la firma, para transmitirle su extrema preocupación y su decepción tras casi tres meses de silencio. La situación es inaceptable, sentenció el primer ministro, responsabilizando a la compañía tanto por la intrusión como por su lentitud antes de anticipar medidas policiales y reformas legislativas para blindar al país.
Detrás del golpe se asoma una maniobra todavía más turbia. Según la cadena ABC News, el ciberataque habría utilizado como trampolín una wiki alemana que ha sido previamente vulnerada, donde los agentes dejaron notas ocultas para coordinar futuros asaltos.