TIC Defense te enseña los pasos para proteger infraestructuras críticas contra ataques
Países como los Estados Unidos, Australia y una coalición de aliados han publicado una especie de manual de supervivencia urgente. Se trata de unos pasos diseñados para enseñar a las infraestructuras más importantes del mundo cómo deben aislar sus sistemas centrales cuando se enfrenten a ataques informáticos devastadores o interrupciones de operaciones de altísima gravedad.
Este documento, el cual ha sido denominado con el estratégico nombre de CI Fortify, ha nacido como un esfuerzo conjunto liderado por la agencia de ciberseguridad más importante del país norteamericano, el poderoso Centro Australiano de Ciberseguridad, agencias como el FBI y otras instituciones de inteligencia mundial.
El objetivo absoluto es asegurar que los operadores logren cortar digitalmente sus complejos entornos de tecnología operacional, los cuales son conocidos como sistemas OT, desconectándolos totalmente de Internet y separándolos de las redes corporativas.
La meta parece ser muy clara; mantener los servicios esenciales completamente operativos, incluso cuando la crisis pueda extenderse por períodos de tiempo largos. Para poder lograr esto sin que el pánico caiga, el documento explica por completo el aislamiento en pocos pasos de corte quirúrgico, exigiendo preparación previa para poder liquidar cualquier margen de improvisación.
El primer paso es identificar las joyas de la corona; comenzando por descubrir exactamente cuáles equipos y redes sostienen las operaciones críticas de la compañía. Las empresas están obligadas a rastrear este mínimo de activos que resultan indispensables para que el flujo de servicios básicos como electricidad, agua, transporte o producción industrial no se detengan nunca.
El otro paso es definir los clientes verdaderamente críticos, debido a que se tiene que reconocer cuáles entidades externas colapsarían si la infraestructura atacada llega a apagarse. Se tiene que considerar el impacto en infraestructuras vitales como hospitales, bases militares, arterias de transporte críticas.
Esta guía define las líneas rojas de supervivencia, con objetivos mínimos de suministros para los clientes, dejando claro cuánta energía o capacidad operativa se debe seguir inyectando mientras los sistemas están aislados.
Luego, se debe clasificar por niveles de desconfianza; agrupando de forma implacable los sistemas de la infraestructura dependiendo de su valor y exposición ante los ataques del enemigo. Los equipos que compartan riesgos similares deben encerrarse en sistemas comunes.
El cuarto paso es localizar los puntos ciegos, debido a que hay que dibujar un mapa que exponga todas las conexiones que enlazan el núcleo con el mundo exterior. Esto puede englobar portales empresariales, salida a Internet, nubes públicas, accesos laterales y traseros de contratistas, redes privadas virtuales y otras comunicaciones periféricas.
Luego, se debe construir barreras que sean inquebrantables; se deben desarrollar murallas reales que aparten lo importante del resto del ecosistema. Romper los lazos de forma física es una estrategia definitiva, ya que elimina de raíz la amenaza de compartir recursos con entornos vulnerables.
Por último, se debe diseñar y probar el plan de aislamiento; esta exigencia radica en escribir un protocolo implacable que dicte cómo apagar válvulas de forma progresiva, respondiendo a la violencia del ataque. Igualmente, se sugiere empezar cerrando de forma agresiva todo acceso remoto, continuar derribando los clientes corporativos hacia la maquinaria y, si la tormenta se desata, desconectar por completos los entorno críticos.