Nueva política de Starlink permite el uso de información personal para el desarrollo de IA
La empresa Starlink ha decidido, de forma unilateral y peligrosamente silenciosa, que los datos personales de sus clientes son el nuevo combustible para alimentar la inteligencia artificial. Sin un solo aviso previo, son correos electrónicos de cortesía y ocultando información bajo capas espesas de tecnicismos legales, la compañía de Elon Musk ha actualizado su política de privacidad para autorizar el intercambio de información con terceros.
Esta maniobra parece diseñada para pasar desapercibida, aprovechando que la mayoría de los usuarios rara vez vuelven a leer los términos y condiciones una vez firmado el contrato inicial.
La táctica utilizada es un clásico del oscurantismo corporativo; el entierro de información crítica. SpaceX ha insertado la declaración de entrenamiento de IA justo al final de sus políticas de intercambio de datos ya existentes, camuflándola entre servicios legítimos de mantenimiento y procesamiento de pagos.
Además, la cláusula en cuestión es tan amplia que resulta alarmante, debido a que establece que pueden compartir tu información personal con afiliados y colaboradores externos, no solo para fines operativos, específicamente, para el entrenamiento de modelos de IA, incluso para los fines independientes de esas terceras compañías.
Esta última frase, “para sus propios fines independientes”, es básicamente un cheque en blanco que entrega tu huella e identidad digital a entidades, organismos y empresas que ni siquiera conoces.
Aunque la corporación SpaceX no especifica qué empresas o modelos se van a beneficiar de esta cantidad masiva de datos, no hace falta ser un experto en la industria para conectar los puntos. Lo más probable es que xAI y su modelo Grok se encuentren a la cabeza de esta fila, dado que ambas organizaciones comparten el mismo CEO y una visión tecnológica entrelazada.
Esta falta de transparencia absoluta deja al usuario en un limbo informativo, en donde sus hábitos de navegación, tiempos de conexión y metadatos se convierten en material de aprendizaje para la próxima gran apuesta comercial de Musk, todo esto mientras el cliente sigue pagando una mensualidad considerable por el servicio.
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No obstante, este problema tiene otra arista todavía más opaca que merece toda la atención. En otra sección de su política, Starlink admite utilizar datos personales para entrenar sus propios modelos internos de aprendizaje automático (machine learning). Lo preocupante aquí es que, a diferencia del intercambio con terceros, para este uso interno parece que no hay ningún botón de desactivación.
Cuando se intentó obtener claridad por medio del bot de soporte de Grok acerca de si el nuevo interruptor de exclusión cubría ambos casos, la IA afirmó que sí, pero confiar en la palabra de un algoritmo cuya existencia depende precisamente de la explotación de esos datos, es un acto de fe ciega que ningún usuario debería verse obligado a realizar en un entorno comercial serio.
El hecho de que la opción de consentimiento se encuentre activada por defecto habla de la ética de la empresa, debido a que Starlink asume que tu privacidad le pertenece por derecho hasta que demuestres lo contrario mediante un engorroso proceso manual. En un ecosistema en donde ya pagaste por la infraestructura y el servicio, convertir al usuario en el producto es una práctica depredadora que no debería normalizarse.