Pig butchering: TIC Defense te explica la estafa cripto más elaborada
El panorama mundial de los crímenes informáticos ha evolucionado más rápido que las bases de firmas de los antivirus comerciales. Atrás quedaron los días en donde un sencillo y mal redactado correo electrónico representaba la mayor amenaza en tu bandeja de entrada.
El día de hoy, desde TIC Defense, vamos a informarte acerca de las tácticas de ingeniería social más perversas y lucrativas económicamente que han sacudido al enorme ecosistema de las criptomonedas: la temida pig butchering o la “matanza del cerdo”.
A diferencia del phishing tradicional, el cual busca golpes rápidos, el pig butchering es un juego de paciencia, en donde los cibercriminales, operando a menudo desde granjas de estafas en el sudeste asiático, no lanzan un exploit a tu red, sino que atacan directamente a la llamada capa 8, es decir, a los usuarios.
Todo comienza con un mensaje aparentemente inofensivo en WhatsApp, Telegram o hasta en Tinder. También, puede empezar con un mensaje equivocado o un supuesto mensaje cruzado que, luego de la disculpa de rigor por la equivocación, se convierte rápidamente en una charla casual, en donde se comienza la fase de “engorde”.
Durante semanas e incluso meses, los estafadores invierten tiempo para perfilar a sus víctimas. Se establece un vínculo de confianza, muchas veces con matices románticos, otras veces simplemente simulando ser un exitoso analista financiero o un gurú del trading.
Se disponen a hablar de la vida diaria, del trabajo y, de forma muy calculada, introducen el tema de las inversiones en criptomonedas o divisas fiat. El objetivo de esto es que las víctimas bajen la guardia y no vea ninguna de las banderas rojas.
Una vez que el nivel de confianza es el óptimo, los atacantes invitan a las víctimas a invertir en una plataforma. Aquí es donde la sofisticación técnica entra en juego, ya que no te envían a un exchange conocido. Te dirigen a aplicaciones descentralizadas o dApps maliciosas o plataformas de trading falsas que clonan al milímetro la interfaz de sitios legítimos.
Estas plataformas, a menudo, requieren de la instalación de perfiles de configuración dudosos en iOS o descargar APks modificadas en Android, saltándose las tiendas oficiales.
Al principio, los usuarios transfieren pequeñas cantidades y, de manera sorprendente, el panel de control le muestra retornos muy altos. Incluso, les permiten retirar algo de “ganancias” iniciales. Esta es la validación psicológica que necesitan.
Cuando ven que funciona, las víctimas comienzan a liquidar ahorros, pedir préstamos e incluso, vaciar sus fondos de jubilación para inyectar más capital a la plataforma y luego llega el “sacrificio”. Cuando las víctimas intentan retirar el grueso de su dinero o los atacantes sienten que ya no pueden exprimir más fondos, la trampa se cierra.
La plataforma bloquea los retiros argumentando supuestos impuestos fiscales, tarifas de red de la cadena de bloques exorbitantes o problemas de auditoría. Aquí es cuando piden más dinero para liberar los fondos, un clásico doble cobro.
Al final, el contacto desaparece, la plataforma se esfuma y el dinero se pierde en una red de mixers (mezcladores) de criptomonedas, haciendo que el rastreo on-chain sea un auténtico dolor de cabeza para cualquier perito forense que se encargue de un caso de este tipo.